Tres casos reales de VeriFactu con IGIC
Tres implantaciones reales en Canarias, con lo que salió mal en cada una. Los nombres de los productos son nuestros; los problemas, de cualquiera.
Caso 1 · Salón de belleza con TPV multipuesto
El escenario: un SaaS de gestión para salones, con varios puestos de caja facturando a la vez y series distintas para servicios y productos.
Lo que salió mal
El primer diseño usaba una cadena de huellas por serie. Parecía razonable —cada serie, su secuencia— pero es incorrecto: el encadenamiento es por emisor, y todas las series comparten cadena.
El segundo problema fue la concurrencia. Dos cajas cobrando a la vez leían el mismo registro anterior y se encadenaban las dos a él. En pruebas nunca pasó; con dos personas trabajando, sí.
Cómo se resolvió
- Una sola cadena por emisor, ordenada por inserción.
- Un cerrojo por emisor alrededor de leer anterior → calcular → insertar.
Caso 2 · Rent a car con clientes que querían firmar ellos
El escenario: software de alquiler de vehículos, cuyos clientes son empresas con su propio certificado digital y su propia relación con Hacienda.
Lo que salió mal
El diseño inicial asumía que el fabricante del software remitiría por todos sus clientes. Pero había una confusión de base: ser el productor del software no autoriza a presentar por nadie. Hace falta un apoderamiento inscrito, cliente por cliente.
Y varios clientes no querían apoderar a nadie: preferían firmar ellos.
Cómo se resolvió
- Dos modalidades conviviendo: en representación (con apoderamiento registrado y verificado antes de permitir el envío) y en nombre propio (con el certificado del cliente).
- Al subir un certificado, se lee el NIF que lleva dentro y se contrasta con el del cliente, para que nadie suba el de un tercero.
Detalle que costó una tarde: los certificados de sello de entidad van a un puerto distinto del servicio web. Con el puerto equivocado no hay mensaje de error útil, simplemente no conecta.
Caso 3 · Asesoría con cartera mixta
El escenario: una asesoría con clientes en Canarias y en península, algunos en IGIC y otros en IVA.
Lo que salió mal
El programa que usaban asumía IVA al 21% como valor por defecto y solo permitía cambiar el tipo línea a línea. Para una cartera mayoritariamente canaria, eso significaba tocar cada factura.
Y el tipo cero del IGIC estaba tratado como «sin impuesto», que no es lo mismo: una operación al 0% se declara, una exenta se declara de otra forma.
Cómo se resolvió
- Impuesto configurable a nivel de empresa (IGIC / IVA / IPSI), heredado por las facturas.
- Tipo cero como tipo válido y distinto de exento.
El patrón común
En los tres casos, lo que dolió no fue la parte «difícil» —la huella, el XML, la firma— sino decisiones de modelado tomadas al principio: por qué se encadena, quién firma y de quién es el impuesto. Esas son las que no se pueden rehacer.